La mirada de los otros posiblemente también sea la mía.

1.12.05

pasear


Por la mañana en el parque encuentro siempre a un vecino paseando a sus dos perros. Los lleva con las correas pero el no las sujeta con la mano, así los perros van paseando delante suyo arrastrandolas tranquilamente. El vecino y yo nos conocemos pero no conocemos nuestros respectivos nombres sabemos que vivimos cerca y nos encontramos normalmente en el parque pero para mí lo más curioso de todo es que no sé nunca como será nuestra conversación; algunos dias nos vemos y casi no dice nada, otros empieza a hablar antes de que yo lo vea y continua hablando aunque esté ya un poco lejos, a veces encuentra otro vecino y deja tranquilamente la conversación para hablar con el, sin ningún aviso y sin ninguna despedida.

1 comentario:

Joselu dijo...

Dotas a tu post de un trasfondo misterioso y etereo. El dichoso vecino paseante. Me recuerda alguna situación de Cien años de Soledad. No porque sea semejante sino por lo que sugiere el relato. Una situación habitual se convierte en enigmática.